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El primer siglo de una empresa familiar

Cuatro generaciones de liderazgo han dado forma —y vuelto a dar forma— a la marca DUX. Durante 100 años, DUX se ha mantenido orgullosamente como una empresa 100 % familiar. Con motivo de las celebraciones del centenario, Henrik Ljung, consejero delegado de DUX y DUXIANA, reflexiona sobre las cuatro generaciones de su familia que han guiado la marca, lo que ha aprendido de su legado y la inspiración que este patrimonio ofrece de cara al futuro.

Henrik Ljung describe su infancia como una infancia normal en el sur de Suecia durante la década de 1980. Sin embargo, hay un recuerdo que destaca por ser algo inusual.

«Todos los padres de mis amigos tenían camas DUX y todos tenían el sistema de pared Avanti», recuerda Henrik. «En cuanto descubrían quién era yo, empezaban las preguntas. “Ah, ¿puedes echarle un vistazo a esto?”. “¿Sabes cómo ajustar aquello?”».

Henrik Ljung

Fue una lección temprana sobre lo que significa formar parte de «la familia DUX». Durante cuatro generaciones, las vidas de los Ljung han estado estrechamente ligadas al nombre DUX. Y, aunque esto pudo haber supuesto una infancia algo singular, Henrik también señala que ha distinguido a DUX como marca. En su opinión, la continuidad de la propiedad familiar ha permitido a la empresa mantenerse centrada en su misión original, haciendo posible que DUX perdure —y prospere— durante un siglo.

«Nuestro objetivo es crear los mejores productos posibles para nuestros clientes, y solo tenemos que rendir cuentas ante ellos y ante nosotros mismos», explica. «No hay intereses externos a los que debamos complacer. Eso nos ha dado la libertad y la flexibilidad para actuar con rapidez y decisión: probar cosas nuevas y tomar decisiones más deprisa. DUX significa líder en latín, y siempre hemos procurado liderar con el ejemplo en lugar de fijarnos en lo que hacen los demás».

Durante 100 años, esa agilidad y ese impulso por experimentar han ayudado a DUX a establecer un estándar global en confort para el descanso y diseño de muebles icónicos. Al mirar atrás, podemos ver que esto formaba parte del ADN de la empresa desde el principio.

Picture of Efraim Ljung on top of a map of Chicago

El hombre que lo empezó todo (1926-1950)

A estas alturas, la fundación de DUX ha pasado a formar parte de la leyenda. Según cuenta la historia, el comerciante y chocolatero sueco Efraim Ljung visitó Chicago en 1924, donde una cama de hotel le proporcionó la mejor noche de sueño que había vivido jamás. Fascinado por lo que hacía tan cómoda aquella cama, Efraim abrió el colchón para descubrir que estaba lleno de muelles. Se llevó la idea a casa y, tras dos años experimentando con sus propios muelles, nacieron los primeros colchones DUX.

Es una historia cautivadora, pero casi pasa por alto un factor decisivo: el propio hombre. Al fin y al cabo, muchos nos encontramos con nuevas tecnologías, pero pocos tienen la visión para comprender su potencial o la determinación para hacerlo realidad. Efraim Ljung era diferente.

Tenía un sentido innato para ver hacia dónde se dirigían las cosas. Era flexible: se rodeaba de personas capaces de hacer realidad sus ideas, pero también les daba libertad para desarrollar las suyas. Por encima de todo, Efraim siempre estaba dispuesto a probar algo nuevo: el comerciante que encontró una mejor fuente de cacao y pensó: «¿Por qué vender esto si puedo montar mi propia fábrica de chocolate?»

Y así ocurrió con DUX. Cuando los fabricantes suecos de muebles mostraron poco interés por los innovadores colchones y cojines de Efraim, decidió que DUX también fabricaría sus propios muebles. Cuando los minoristas locales no se sumaron al proyecto, decidió que DUX abriría sus propias tiendas para llegar directamente a los consumidores.

Quizá nada refleje mejor el don de Efraim para anticiparse al futuro que una historia de principios de 1939. Al regresar de un viaje de negocios por Europa, se había convencido de que la guerra se avecinaba, y pronto. Dio instrucciones a la fábrica: «Comprad todo el relleno y algodón que podáis encontrar». Sin duda, aquello despertó algunas dudas en el departamento de contabilidad, pero resultaría providencial. Mientras otros fabricantes suecos sufrían la escasez de materiales en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, la rápida reacción de Efraim mantuvo la maquinaria de DUX en marcha.

«Pero también entendía que las cosas rara vez salen según lo previsto», añade Henrik. «Eso fue clave para su flexibilidad y creó un entorno que hoy sigue formando parte de nuestra cultura. Dio a sus colegas el espacio necesario para triunfar y fracasar, y para aprender de esas experiencias. Entre ellos estaba mi abuelo Eric. La enseñanza entre generaciones ha sido inestimable, por supuesto, pero, como mi bisabuelo le decía a mi abuelo y mi padre me decía a mí: hay cosas que simplemente tienes que aprender por ti mismo».

Pioneros de clásicos del diseño atemporales (décadas de 1950 a 1980)

Eric Ljung, que empezó a trabajar en DUX de joven en la década de 1930, comenzó a asumir cargos directivos en la década de 1940. Asumiría la plena responsabilidad de la empresa pocos años antes de que Efraim falleciera en 1955, a los 77 años.

«Cuando hablamos de la segunda generación, hablamos de la atención que mi abuelo prestaba a la producción», afirma Henrik. «Supervisó importantes mejoras en las técnicas de producción para elevar aún más la calidad de los colchones y muebles de DUX».

La producción no solo se perfeccionó bajo el liderazgo de Eric, sino que también se amplió. Se inauguraron fábricas modernas en la pequeña localidad sueca de Sösdala y en la industrial Trelleborg. Este periodo también trajo consigo una mayor expansión internacional, con fábricas en otras partes de Europa y del mundo. Entre ellas se encontraba la primera gran introducción de productos en Norteamérica, cuando DUX creó una filial en San Francisco en 1950.

Para entonces, la marca ya estaba bien consolidada en Suecia, con camas DUX disponibles en todo el país y los famosos cojines de muelles de la empresa presentes en todo tipo de productos, desde muebles para el hogar hasta los asientos de trenes y cines suecos. Las tiendas DUX originales de Suecia, una vez cumplida su función, fueron cerrando poco a poco, lo que permitió a Eric concentrar sus esfuerzos en un nuevo tipo de iniciativa de marketing adaptada al cambiante estilo de vida de los consumidores tras la guerra.

Su idea consistía en una amplia colaboración entre marcas y distribuidores suecos de mobiliario que ofrecería a los compradores una propuesta integral de productos para el hogar. La llamó Bra Bohag*. El eje de la iniciativa era un catálogo y una revista de distribución nacional que presentaban a los consumidores una visión aspiracional del hogar sueco moderno. Estas imágenes contribuyeron a consolidar el ideal del diseño escandinavo de mediados de siglo, que sigue siendo popular hoy en día.

Para muchos, ese enfoque en el diseño atemporal sigue siendo sinónimo del nombre DUX. Entre las contribuciones más duraderas de Eric a la marca se encontraban las colaboraciones que forjó con destacados diseñadores de la época, de las que surgieron clásicos del mobiliario que aún pueden encontrarse en las tiendas DUXIANA. La más célebre, por supuesto, fue la relación que estableció con el afamado diseñador y arquitecto sueco Bruno Mathsson.

«No creo que al principio pasaran mucho tiempo juntos», dice Henrik entre risas, «pero mi abuelo sabía que Bruno hacía muebles extraordinarios y también que necesitaba la capacidad de producción de DUX para llevarlos a un público internacional. A medida que su colaboración se estrechaba, se hicieron muy buenos amigos, y algunos de los diseños más memorables de Mathsson llevan, de hecho, nombres de miembros de la familia Ljung».

Claes Ljung, furniture designer Bruno Mathsson, and the then director of Dux, Eric Ljung, gathered around the Jetson chair designed by Mathsson.

La última colaboración que Eric supervisó fue el lanzamiento de Avanti, la misma estantería que acabaría desempeñando un papel tan importante en la infancia de su nieto. Durante una exposición en Milán, Eric conoció al diseñador italiano Antonio Gioya, que estaba desarrollando un sistema de pared modular y personalizable. DUX colaboró con Gioya para producir la idea, y un empleado le dio nombre inspirándose en un cruce de calles que había visto durante el viaje a Milán. Aunque el mercado tardó varios años en apreciar este singular sistema de estanterías, Avanti acabaría convirtiéndose en una de las piezas más icónicas del diseño europeo para el hogar de la década de 1980.

El confort del descanso se internacionaliza (décadas de 1980-2010)

Eric Ljung se jubiló a principios de la década de 1980, dejando DUX en un momento de rápida transformación del mercado mundial del mobiliario para el hogar. A lo largo de la década de 1970 había surgido un modelo de negocio distinto, caracterizado por una fabricación rápida y barata, y por productos concebidos para usarse y sustituirse. Atrás quedaban los días de los «muebles para pasar de generación en generación» y, de repente, productos bien fabricados y duraderos como una cama DUX podían parecer casi anticuados. Correspondería al hijo de Eric, Claes, afrontar esta nueva era.

«DUX se encontraba en una encrucijada y, desde el principio, mi padre tomó ciertas decisiones sobre el camino que seguiríamos», explica Henrik. «Una de ellas fue redoblar la apuesta por la misión original de DUX: ofrecer una experiencia de descanso sin igual. Se dio cuenta de que, en aquel momento, no existía una cama “de alta gama”. Fue una idea que creamos nosotros, pero no se trataba de ofrecer un lujo de “champán y caviar”. Entendía la cama como un medio para el bienestar y sabía que las personas verían el valor de invertir en su salud a través de un mejor descanso nocturno».

Aunque la mejora continua siempre ha sido fundamental para los productos de DUX, la empresa empezó a estudiar la ciencia del sueño como nunca antes. Se dedicaron más investigaciones y desarrollo a comprender qué necesita el cuerpo humano para lograr un sueño profundo y confortable, y cómo podía rediseñarse la cama DUX para favorecer una mayor salud y bienestar.

«Con cada generación, hemos dado un gran salto en la funcionalidad de nuestras camas», afirma Henrik. «Mi bisabuelo introdujo el colchón de muelles en el norte de Europa e inventó el sobrecolchón. En la época de mi abuelo, DUX desarrolló el sistema de muelles múltiples. El equipo de mi padre fue pionero de los muelles Pascal. Y hoy llevamos esto aún más lejos con el sistema de descanso basado en componentes, que permite a los clientes personalizar la cama según sus necesidades individuales de descanso».

Sin embargo, quedaba un reto: llegar a un nuevo tipo de consumidor en un nuevo tipo de mercado. Al igual que Efraim en la década de 1920, Claes comprendió que DUX tendría que prescindir de intermediarios y dirigirse directamente a los consumidores. Con este fin, desarrolló un nuevo concepto internacional de tiendas, dedicado exclusivamente a los productos DUX. Pero ¿cómo llamarlo? En busca de inspiración, Claes recordó las animadas fiestas de empresa que organizaba su padre en la década de 1960. Eric llamaba «DUXIANA» a las celebraciones para sus empleados.

«En los años 80, ningún fabricante tenía tiendas monomarca», recuerda Henrik. «Mi padre estaba solo contra todos. Todo el mundo le decía: “esto nunca va a funcionar”. Pero se mantuvo firme. Su objetivo era simplemente contar con tiendas DUXIANA en las capitales nórdicas. Pero después llegó Londres. Luego Los Ángeles y, cinco o diez años más tarde, estábamos por todas partes.»

La primera tienda DUXIANA abrió sus puertas en 1986. Desde entonces, se han inaugurado más de 90 tiendas en más de 30 países de todo el mundo. Controlar sus canales de venta ha ayudado a DUX a informar mejor a los consumidores sobre los beneficios para la salud de la cama DUX y les ha dado la oportunidad de comprobarlos por sí mismos. La empresa aprendió pronto que el concepto DUXIANA facilitaba que nuevos clientes conocieran DUX y que DUX escuchara sus opiniones y aprendiera de ellas.

Continuar la tradición de experimentación e innovación (década de 2010 en adelante)

En 2019, Claes cedió la gestión diaria a sus hijos Henrik, Anders y Oscar. La cuarta generación ya ha dejado su impronta en el nombre DUX, explorando desde nuevos mercados para las tiendas DUXIANA hasta colaboraciones inesperadas con hoteles, atletas y chefs famosos, así como próximas innovaciones de producto en ámbitos hasta entonces inexplorados. De este modo, los hermanos han continuado la tradición de las generaciones anteriores: mantienen su compromiso con la misión original de DUX mientras prueban con entusiasmo nuevas ideas que responden al momento.

«Algo que aprendí de mi padre es que hay que dar a las personas espacio para crecer», afirma Henrik. «No siempre se puede tener éxito. Un buen líder es quien sabe afrontar los contratiempos y encontrar rápidamente otro camino. Por eso me encantan las personas que fracasan y aprenden de sus errores. Eso es lo que ha impulsado la innovación, tanto en nuestra estrategia empresarial como en el desarrollo de productos».

Aunque Henrik señala que algunos errores siempre se repetirán, contar con una historia familiar tan rica de la que aprender ha proporcionado a los hermanos Ljung muchas lecciones e inspiración para tomar decisiones diferentes hoy. También les ha ayudado a comprender mejor su propio lugar en la historia de DUX. Si hay algo que tiene claro es que considera que su papel combina el de guardián con el de arquitecto del futuro. Sabe que algún día él también entregará la marca a la quinta generación, y su principal objetivo es ofrecerles el mejor punto de partida posible.

«2026 nos ha dado un momento para reflexionar sobre lo increíble que es todo esto», concluye Henrik. «¡100 años! ¡Hay que pellizcarse! Estoy aquí con el honor de representar lo que empezó mi bisabuelo. Sé que puede vernos y espero que esté orgulloso. Pero 100 años no son nuestro destino final. Son un punto de partida para los próximos 100. No me interesa felicitarnos a nosotros mismos. Para mí, esta historia es una motivación para seguir adelante y hacer aún más».

* Traducción aproximada: Buenos muebles para el hogar